Los complejos de soja y maíz duplicaron en 15 años su participación en las exportaciones

Los complejos de soja y maíz pasaron en quince años de representar el 22% al 42,5% de las exportaciones argentinas, con un monto de ventas al exterior de US$ 20.544 millones en 2006 a $33.136 millones en 2021, de acuerdo con informes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Los datos revelan la importancia de los dos sectores agroindustriales en la generación de divisas genuinas y a la vez, según dirigentes empresarios, plantean desafíos para profundizar las inversiones que permitan una mayor transformación de la materia prima, de cara a una agudización de la competencia con Estados Unidos y Brasil por la captación de mercados demandantes.

De la información oficial también se desprende una evolución desigual en los 15 años transcurridos, en los que el incremento de los dos complejos agroindustriales sumados fue del 61,3%, pero con un alza del 37,7% en el caso de la soja y del 188% en el del maíz.

Para Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y del Centro de Exportadores de Cereales (CEC), «ese crecimiento, sobre todo el del maíz, se debe a una fuerte introducción de paquetes tecnológicos, en el que aparecen eventos denominados ‘apilados’, es decir, múltiples tecnologías en un mismo cultivo, lo que genera un salto de rendimiento».

Al respecto, Idígoras dijo a Télam que «la producción de maíz pasó de 20 millones a más de 55 millones de toneladas, con sucesivos récords de exportación año tras año».

Luis Zubizarreta, presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja), indicó a Télam que el crecimiento del complejo maicero «de alguna manera compensa la baja de la soja» en cuanto a volumen de producción, ya que «si bien aumentó sus exportaciones, fue gracias a los precios».

En ese sentido, sostuvo que «en 2015 tuvimos una producción de más de 60 millones de toneladas y hoy andamos por los 43 millones», y agregó que «el sojero es un complejo que de lo que exporta el 80% son productos industriales, como harina vegetal, aceites, lecitinas, biodiesel e incluso carne».

«Esta industria se construyó pensando en una enorme cadena que iba a crecer, pero hoy tiene una enorme capacidad ociosa», indicó en referencia a que en la actualidad recibe para su transformación alrededor de 45 millones de toneladas anuales, con una capacidad para procesar 70 millones.

En cuanto a los destinos de exportación, Idígoras remarcó que «hoy la Argentina abastece a 110 mercados que demandan maíz» y que, a pesar de la creencia de muchos, «no se le vende maíz a China», aunque sí a la mayor parte de sus países vecinos, como Indonesia, Malasia, Vietnam, entre otros destinos.

«Este es un dato relevante, el país ha basado su crecimiento exportador en una diversificación de mercados y no de concentración de ventas», destacó al respecto, además de señalar que, en el caso de la soja, «el país es un proveedor muy bajo a China».

En ese aspecto, Idígoras diferencia la estrategia comercial argentina de la encarada por Brasil, que «ha basado su crecimiento productivo y de exportación de soja (principalmente) en la demanda china».

«La Argentina ha tratado de diversificar sus exportaciones, porque tener un solo cliente genera serios problemas en materia de precios, condiciones de pago y eficiencias de calidad», apuntó.

Idígoras y Zubizarreta coincidieron en su crítica a la política diferenciada en materia impositiva y, en particular, de derechos de exportación, por entender que de esa manera se desincentivan las inversiones necesarias para una mayor industrialización de la soja.

Al respecto, un análisis del director de Agritrend, Gustavo López, objetó la decisión tomada en el inicio de la Presidencia de Mauricio Macri que eliminó las retenciones a todos los cereales, pero mantuvo «una carga alta al complejo soja».

A juicio de López, ese tratamiento desigual «llevó a una caída significativa» tanto en el área sembrada cuanto en la producción de soja, que se agudizó por las condiciones climáticas desfavorables del ciclo 2017/2018 y que se tradujo en «un estancamiento de la producción de soja en una década».

«Hoy el complejo sojero paga 33% frente a otros granos que pagan el 12%», añadió Idígoras, quien consideró que una alineación de los derechos de exportación de la soja y el resto de los granos generaría «un boom de crecimiento» de la oleaginosa, con «un crecimiento anual superior a los 3 millones de dólares incrementales de exportaciones».

En cuanto a las potencialidades del complejo maicero, Idígoras puntualizó la importancia de la «estabilidad macroeconómica» para llevar adelante emprendimientos que demandan inversiones a largo plazo «que son multimillonarias», en especial en el sector porcino, de tal manera de transformar la proteína vegetal en animal, lo que requiere «desarrollar toda una industria, planteles, alta genética, frigoríficos, cadenas de frío y de comercialización y exportación».

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